Día 9: N. Sra. del Perpetuo Socorro premia a fieles acogiéndolos en sus brazos

Día 9: N. Sra. del Perpetuo Socorro premia a fieles acogiéndolos en sus brazos
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ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Virgen Santísima, Socorro Perpetuo! de las almas que se acogen a tu amor maternal: dignate pedir por mí a Tu Santísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, para que le sean agradables todos mis pensamientos, palabras y acciones de toda mi vida.

Acepta, ¡Oh tierna madre mía! este pequeño obsequio que te ofrezco en esta Novena, y concedeme las gracias que en ella te pido, si conviene para gloria de Tu Hijo, honra tuya y bien de mi alma. ¡Amén!

Concluyo esta novena, ¡Oh, Señora Nuestra! con total agradecimiento al haber podido entender el significado de tu nombre, meditar sobre tus bondades y aprender sobre el icono del Perpetuo Socorro. El significado se refleja en la ternura de tus ojos. Tu ayuda perpetua se nota en tus ojos desde cualquier ángulo que te mire, izquierda o derecha; tus ojos posan sobre mi tu mirada llena de ternura y expresan tu deseo de protegerme. Ellos me siguen a todas partes, independientemente de mi condición de vida, de mis indiferencias, defectos y contratiempos.

Tú eres ¡Perpetuo Socorro! y por eso el gesto con el que tú sostienes a Jesús se extiende sin fin: tú sigues estando a su lado y por eso no cesas de interceder por nosotros.

Eres ¡Perpetuo Socorro! pues esa es tu misión: mediadora de la inagotable gracia de Dios a pesar de la inmensidad de mis faltas. Permíteme obtener la gracia de corresponder a tu infinita ayuda recurriendo constantemente a la oración. ¡Que así sea! ¡Amen!

DÍA NOVENO - 27 de junio

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro nos acoge entre sus brazos como premio a nuestra fidelidad y perseverancia.

En este día consagrémonos a María; y para esto hagamos por Ella lo que Ella hace por nosotros. María nos ama; pues amémosla nosotros. ¡Que horados somos nosotros al poder amar a la Madre de Dios! Amémosla entregándonos a Ella con entera confianza, por ser nuestra verdadera Madre. María es bienhechora nuestra; es nuestro Socorro Perpetuo. Por nuestra parte, prometámosle recurrir constantemente a su misericordia; prometámosle sinceramente perseverar en nuestros ejercicios y prácticas diarias de devoción en su honor, y experimentaremos cuan cierta es esta sentencia: ¡el verdadero devoto de María no se condenará en el infierno!

Sobre tu frente Madre llena de bondad hay una estrella que me recuerda a la estrella que guió a los Magos de Oriente a Belén para adorar al Niño Jesús. Tú eres como la estrella de Belén: tú me conduces a Jesús, tú me muestras en dónde lo puedo encontrar: en su Palabra, en la Eucaristía, en el silencio de la oración, en mi prójimo, y especialmente en mis hermanos pobres y abandonados.

Después de la Resurrección de tu Hijo, tú estabas vigilante en la oración con los primeros discípulos. En la mañana de Pentecostés cuando el Espíritu Santo «lanzó» su programa mundial de evangelización, tú estabas allí en medio de los Apóstoles acompañando a la Iglesia misionera en sus primeros pasos.

¡Oh María, Estrella de la evangelización! ayúdame a cumplir mi misión como discípulo(a) de tu Hijo. Bendice mis esfuerzos y de todos los que anuncian el Evangelio.

¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! Yo te consagro mi cuerpo con todos sus sentidos, y mi alma con todas sus potencias. De aquí en adelante quiero servirte con fervor, invocarte sin cesar y trabajar para ganar corazones que te amen. ¡Oh Madre mía! Ayudame para que no pase día alguno de mi vida sin que te invoque con amor filial.

Meditemos recitando:

- tres (3) « Avemarías » en honor de la Virgen

- dos (2) « Glorias » en honor de San Alfonso Maria de Ligorio

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ¡ruega por mí!

Adorado San Alfonso, inspírame el recurrir a Maria ¡en todas mis necesidades!

Oración Final

¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! pongo mi pobre alma en tus manos. Te encomiendo mi perseverancia; tú eres abogada, yo soy un(a) miserable pecador(a). Llévame bajo tu protección; ¡eso me es suficiente! ¡Si tú me proteges, no tengo nada que temer!

No temo a mis pecados, porque tu me mostrarás como remediar el daño que he causado.

No temo a los demonios, porque tú eres más fuerte que todo el infierno.

No tengo miedo al juez divino, porque una sola de tu palabras tranquiliza su justa indignación. ¡Contigo a mi lado, yo no temo nada!

Sin embargo, por desgracia, Madre mía el miedo que me invade es el de olvidarte; el miedo de que algún día yo pare de implorar tu auxilio, y perderme a mí mismo(a) por toda la eternidad.

¡Oh, Mi tierna madre! dame la gracia de encomendarme siempre a ti. Si tú sabes, desde ya, que habrá un día en el que yo te abandonaré, prefiero fallecer ahora a tus pies antes de ser motivo de semejante ingratitud. María, que mis manos se paralicen y que mi lengua se seque si yo olvidara proclamar tus misericordias eternamente.

¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! tú eres la Mediadora de todas las gracias. Tú eres la tesorera del buen Dios, Él quiere que toda gracia pase por tus manos antes de ser dada a nosotros. Tu imagen me recuerda que eres la Madre de Jesús, la Madre de los Dolores, y mi madre también. Tú eres Madre de los hombres pues has aceptado venir a socorrernos. Eres Madre de Jesús y estas tan íntimamente unida al Corazón de tu Hijo, eres Madre de los dolores y tus sufrimientos unidos a los de Jesús han contribuido a nuestra salvación.

¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro! concédeme tu ayuda poderosa, y asegúrate que yo te ruegue constantemente. 

¡Sí que lo sé! Si un alma fiel a ti te invoca con la seguridad de tu protección con mayor razón un alma bajo tu protección no se puede perder. Es con está confianza que recurro a ti; permíteme asemejarme a ti sirviendo fielmente a los intereses de Dios. Te ruego me cubras con tu ternura maternal y concédeme también las peticiones que he puesto en tus manos durante esta novena.

Transmíteme ¡oh, Madre del Perpetuo Socorro! confianza ilimitada en tu infinita y poderosa bondad. ¡Amén!

Acción concreta: No pasar un solo día sin recitar al menos un Avemaría a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, para obtener la gracia de invocarla al día siguiente.

¡Oh, Madre mía! mi confianza en Ti es tan grande que desde ya te expreso mi agradecimiento.

Gracias, por los favores recibidos en el pasado; ¡Gracias! por todas las bendiciones que espero obtener de tu gran amor.

¡Oh, mi confiable Madre! así como Jesús te entrego a nosotros, ahora entréganos tú a Jesús, ya que Él es la Gracia de las Gracias! ¡Amén!

Tomo un minuto para meditar todas estas cosas en mi corazón (Lucas, 2:19)

1 Comentar

"Que sus conversaciones sean siempre agradables y oportunas, a fin de que sepan responder a cada uno como es debido". Colosenses 4:6

Maria Luz
Maria Luz place Santiago, hace 5 meses
AMEN!!!🙏🌹